WESS Summit 2026: ¿Cómo transformamos la forma en que nos alimentamos?

Hambre Cero Wess Summit

Hablar de seguridad alimentaria ya no significa hablar únicamente de agricultura regenerativa. Detrás de cada alimento que llega a nuestra mesa existe una enorme red de energía, agua, infraestructura, tecnología, transporte, financiamiento, políticas públicas y personas.

Ese fue uno de los principales mensajes del WESS Summit 2026, que este año puso en el centro de la conversación el reto de construir un planeta con Hambre Cero, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030. La pregunta que atravesó buena parte de la jornada: ¿cómo transformamos la forma en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos?

El encuentro, realizado el 8 de septiembre 2026 en Ciudad de México, reunió a representantes del sector público y privado, especialistas, académicos, organizaciones y líderes de distintas industrias para hablar sobre los sistemas que hacen posible alimentar a una población creciente.

La premisa fue clara: para garantizar el acceso a alimentos suficientes y nutritivos no basta con producir más. Es necesario transformar los sistemas que permiten que esos alimentos lleguen hasta las personas de manera eficiente, sostenible y resiliente.

Los sistemas que alimentan al mundo

La jornada comenzó con el panel “Los Sistemas que Alimentan al Mundo”, conducido por Manuel Chaparro, en el que participaron Zerene Kahan, Karla García Olguín, Silvia Ávila Cholula y Karen Polinesia.

Wess Summit 2026

La conversación reunió perspectivas provenientes de la industria, la restauración, la economía circular y la comunicación para analizar los retos de los sistemas alimentarios y la necesidad de fortalecer la seguridad alimentaria global.

Y es que el problema no se encuentra únicamente en cuánto producimos, sino en cómo producimos, cuánto alimento desperdiciamos, cómo distribuimos y quién tiene acceso a los alimentos.

De acuerdo con el planteamiento de WESS Summit 2026, alrededor de 733 millones de personas padecen hambre y más de 2,300 millones enfrentan inseguridad alimentaria moderada o grave. Al mismo tiempo, cerca de una tercera parte de los alimentos producidos en el mundo se pierde o desperdicia.

Por eso, transformar el sistema alimentario implica mirar toda la cadena y encontrar oportunidades para hacerla más eficiente, circular e incluyente.

Agricultura, desarrollo e inversión

Entre los paneles, Columba Jazmín López Gutiérrez, secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural, destacó que los programas sociales han contribuido a mitigar la pobreza en México y a brindar mayores oportunidades, con efectos que también se relacionan con la alimentación.

La conversación permitió recordar que hablar de seguridad alimentaria también significa hablar de desigualdad, acceso y oportunidades. No basta con que los alimentos existan: las personas deben tener la posibilidad económica y física de acceder a ellos.

Posteriormente, Francisco Cervantes Díaz, Coordinador del Consejo Nacional de Inversiones vinculado al Plan México, ofreció la charla magistral “México: Inversión para el Desarrollo”, en la que abordó la relación entre industria, infraestructura y competitividad en una nueva etapa de crecimiento.

El mensaje se conecta directamente con uno de los grandes retos planteados durante el encuentro: las transformaciones requieren inversión para poder escalar.

Columba Jazmín López Gutiérrez

La infraestructura que no vemos

El Panel 2, “La Infraestructura Invisible”, puso sobre la mesa una idea que puede pasar desapercibida: sin energía no hay sistema alimentario.

Moderado por Santiago Barcón Palomar, el panel reunió a María Susana Rodríguez García, del Instituto Mexicano del Petróleo; Karla Graciela Cedano Villavicencio, del IER de la UNAM; Mirelle Segovia Martín, de la Agencia de Energía de Yucatán; Keny Parisheck Salazar, de la Red Agrovoltaica Mexicana; y Marisol Oropeza, presidenta y fundadora de Heat Changers.

La conversación abordó eficiencia, innovación y transición energética, pero también permitió ampliar la mirada sobre todo aquello que ocurre antes de que un alimento llegue al supermercado.

Se necesita energía para el riego, la producción, el procesamiento, la refrigeración y las cadenas de frío. También para transportar los alimentos, operar centros de distribución y mantener buena parte de la infraestructura que conecta al campo con los consumidores.

Como plantea WESS Summit 2026, la seguridad alimentaria comienza mucho antes del campo: depende también de contar con energía, agua, infraestructura crítica y logística resilientes.

La revolución inteligente

La tecnología también tuvo un papel central en WESS Summit 2026. El Panel 3, “La Revolución Inteligente”, moderado por María José Gallardo, reunió a Loredana Russo, Valeria Maurizi, Lorena Bravo, Mauricio Villasmil y Karla I. Montenegro para conversar sobre inteligencia artificial, datos e innovación.

La pregunta fue cómo utilizar estas herramientas para generar soluciones con impacto real.

La inteligencia artificial puede ayudar a anticipar riesgos, optimizar procesos y mejorar la toma de decisiones. Los datos permiten conocer mejor lo que sucede en las cadenas de suministro. La automatización puede incrementar la productividad y tecnologías como el Internet de las Cosas, la agricultura de precisión y la trazabilidad pueden contribuir a construir sistemas más eficientes.

Pero quizá uno de los puntos más importantes es que la tecnología, por sí sola, no resuelve los problemas. Necesita integrarse con infraestructura, conocimiento, inversión y colaboración.

Capital para el cambio

Otro de los mensajes que atravesaron la jornada fue que las soluciones existen, pero necesitan capital para escalar.

En el Panel 4, “Capital para el Cambio”, Jessica Slovik moderó una conversación con representantes de WWF, el Consejo Mexicano de Finanzas Sostenibles, Santander México, Creation Investments, Bitso y FinTech México.

El objetivo fue analizar cómo la inversión de impacto, las finanzas sostenibles, la banca, los fondos de inversión y las nuevas herramientas financieras pueden acelerar la transformación de los sistemas alimentarios.

La discusión parte de una realidad sencilla: una buena idea o una tecnología innovadora pueden tener un gran impacto, pero si no encuentran los mecanismos financieros adecuados, difícilmente llegarán a una escala suficiente.

Por eso, transformar los sistemas alimentarios también implica transformar la manera en que financiamos las soluciones.

Gobernanza para transformar

El Panel 5, “Gobernanza y Transformación”, llevó la conversación hacia las políticas públicas.

Moderado por Roberto Trad Hasbún, reunió a Beatriz Robles Gutiérrez, Magda Zulema Mosri Gutiérrez, Sharon Persovski, Miriam Saldaña Cháirez y Luz María Hernández Bermúdez.

La conversación abordó el papel de las políticas públicas, la regulación y las instituciones para construir sistemas alimentarios más resilientes.

Porque transformar la manera en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos no depende exclusivamente de empresas o consumidores. También requiere reglas claras, instituciones sólidas y colaboración entre gobierno, sector privado, academia y sociedad civil.

Una conversación que va mucho más allá de la comida

Y aunque tuvimos que irnos antes de que terminara la jornada, WESS Summit 2026 continuó con otras charlas y actividades alrededor del mismo objetivo: encontrar soluciones para avanzar hacia un mundo con mayor seguridad alimentaria.

Entre ellas estuvieron una charla sobre el papel de la confianza y el liderazgo colaborativo, una conversación sobre Ucrania como contribuyente a la seguridad alimentaria mundial y la entrega de los reconocimientos “Soluciones que Transforman el Planeta”, destinados a reconocer iniciativas relacionadas con agricultura regenerativa, tecnología alimentaria, impacto social, cadenas responsables, educación alimentaria, políticas públicas, economía circular e innovación nutricional.

Al final, una de las principales conclusiones de WESS Summit 2026 2026 es que el hambre no puede resolverse desde un solo sector. Alimentar al mundo requiere colaboración. Y la respuesta parece tener una dirección: pasar de pensar en alimentos aislados a entender los sistemas que los hacen posibles.