Texto tomado de Treehugger y traducido
Constantemente escuchamos los términos calentamiento global y cambio climático como si fueran sinónimos, pero aunque están muy conectados, no significan exactamente lo mismo. Apenas empiezan a subir las temperaturas y a presentarse las olas de calor, y en todos lados se habla de la crisis del clima. Sin embargo, el calentamiento global es una de las principales causas del cambio climático que vivimos hoy, por ello, no nos debe confundir.
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¿Qué es el calentamiento global?
Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el calentamiento global es el aumento de la temperatura promedio del aire y de las corrientes en los océanos en todo el planeta, medido durante un periodo de al menos 30 años.
Este fenómeno se ha estudiado por más de un siglo. Desde 1880 tenemos registros bastante confiables, en los que agricultores y científicos ya anotaban temperaturas y patrones del clima en diarios personales. Con el tiempo, se ha comprobado que muchos de esos datos eran bastante precisos.

Para entender cómo era el clima antes de que existieran termómetros, los científicos analizan pistas como las capas en los árboles, placas de hielo, y sedimentos en lagos.
¿Por qué ocurre el calentamiento global?
La principal causa es algo que probablemente ya conoces: el efecto invernadero. Desde mediados del siglo XIX, se empezó a estudiar cómo el dióxido de carbono (CO₂) atrapa el calor del sol. En 1856, la científica Eunice Newton Foote propuso que la concentración de CO2 en la atmósfera podía provocar un aumento de la temperatura de la Tierra.
A lo largo del tiempo, eventos naturales como erupciones volcánicas o impactos de asteroides han alterado el clima, pero lo que vivimos ahora es diferente: el aumento de temperatura en los últimos 50 años ha sido mucho más rápido que en cualquier otro momento. Y esto se debe en principal medida a nosotros, los seres humanos.
Todo comenzó con la famosa Revolución Industrial, en donde quemamos cantidades enormes de carbón, petróleo y gas natural, liberando gases que atrapan el calor. Eso, sumado al crecimiento exponencial de la población, aceleró los cambios de temperatura. Hoy, la comunidad científica tiene un consenso casi total: el cambio climático actual tiene causas humanas.
Solo en el último siglo, el uso de combustibles fósiles ha crecido de forma exponencial. Aunque ya se están buscando alternativas, por medio de energía renovable, en 2021 todavía representaban el 82% de la energía que se usa en todo el mundo.
Una forma sencilla de imaginarlo: es como si cada vez que usamos combustibles fósiles, le agregáramos una cobija al planeta. Entre más cobijas, más calor se queda atrapado.
¿Y qué es el cambio climático?
Entonces, el calentamiento global es solo una de las alteraciones en el cambio climático a largo plazo. El cambio climático son todos los fenómenos naturales que se han visto exponenciados debido a las variaciones en temperatura: tormentas más intensas, olas de calor, sequías, huracanes, incendios… fenómenos que antes eran raros ahora ocurren mucho más seguido.
El cambio climático afecta nuestra salud y calidad de vida, sin embargo, no somos los únicos que lo sufrimos. En todos los ecosistemas ocurren alteraciones que ponen en riesgo la supervivencia de miles de especies de flora y fauna, comprometiendo la biodiversidad. Arrecifes de coral que se blanquean, humedales que se secan, especies que no logran adaptarse. El equilibrio natural está en riesgo.

¿Cómo prevenir cambio climático?
Aunque todavía hay incertidumbre sobre lo que vendrá, la ciencia es clara: necesitamos actuar. El cambio climático puede parecer un problema muy grande y lejano, que no podemos controlar, pero la realidad es que todas y todos podemos cambiar hábitos en nuestro estilo de vida diaria, desde hoy para prevenirlo.
Empezar por reducir nuestro consumo de energía, optar por energías limpias siempre que sea posible, movernos en bici, caminando o en transporte público, en medida de nuestras oportunidades.
Algo fácil de hacer y que además beneficia tu salud y economía, es consumir menos carne y productos ultra procesados, y preferir alimentos locales y de temporada. También podemos cuidar lo que compramos, evitando el desperdicio y eligiendo marcas responsables con el medio ambiente.
Además de nuestros hábitos personales, es clave informarnos, hablar del tema con otras personas y participar en acciones colectivas, como campañas de restauración o conservación, proyectos comunitarios o apoyando leyes que protejan al planeta.
Lo más poderoso que podemos hacer es sumar voces: cuando muchas personas cambian un poco, el impacto es enorme. Cuidar el clima es cuidar nuestra casa común, y hacerlo es también apostar por una vida más sana, más justa y más conectada con la naturaleza.
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