El Mundial 2026 ha llenado de emoción las calles de México. Miles de personas han salido a celebrar cada triunfo de la Selección Mexicana, convirtiendo lugares públicos en una auténtica fiesta colectiva. Sin embargo, detrás de la alegría también ha quedado una imagen difícil de ignorar: basura en Paseo de la Reforma.
Después del triunfo de México frente a Corea del Sur, alrededor de 400 mil personas se reunieron en Paseo de la Reforma. Cuando terminó la celebración, los trabajadores de limpieza encontraron un panorama muy distinto al de la fiesta: 40 toneladas de residuos plásticos entre botellas, latas, vasos desechables, envolturas y restos de comida distribuidos a lo largo de la avenida. Según algunos noticieros, para recuperar el espacio público fue necesario desplegar cientos de trabajadores, vehículos especializados, hidrolavadoras y pipas de agua durante varias horas.
El verdadero costo ambiental de una celebración
La basura en Paseo de la Reforma y en otros lugares públicos de la ciudad representa mucho más que un problema de limpieza.
Cada envase abandonado puede terminar en el sistema de drenaje, aumentar el riesgo de inundaciones durante la temporada de lluvias o convertirse en contaminación para áreas verdes y cuerpos de agua. Además, la recolección extraordinaria implica un importante consumo de combustible, agua y recursos públicos que podrían destinarse a otros servicios urbanos.
Eventos masivos como el Mundial 2026 evidencian un reto que enfrentan muchas ciudades: disfrutar de los espacios públicos sin convertirlos en tiraderos temporales. Sin embargo, muchos aficionados también llamaron a tomar acción.
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La respuesta: un “Mega Limpiatón de la Afición”
Después de las críticas generadas por las imágenes de la basura en Paseo de la Reforma, se anunció el Mega Limpiatón de la Afición, una iniciativa encabezada por la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) y la Secretaría de Obras y Servicios (Sobse). De igual manera, cientos de activistas y personas en redes sociales, llamaron a tomar acción colectiva para limpiar las calles.
La campaña buscó recordar que celebrar también implica cuidar los espacios públicos. Durante los siguientes partidos se reforzó la colocación de contenedores, se difundieron mensajes para invitar a los aficionados a depositar correctamente sus residuos y se promovió una cultura de corresponsabilidad entre asistentes y autoridades.
Aunque los servicios de limpieza continuaron operando después de cada encuentro, el mensaje fue claro: ninguna ciudad puede depender únicamente de las cuadrillas de limpieza para mantener sus calles en buen estado.
Japón volvió a dar una lección al mundo
Mientras en México las imágenes de basura recorrían las redes sociales, otra escena se hacía viral desde los estadios del Mundial 2026.
Una vez más, los aficionados de Japón permanecieron en las gradas al terminar los partidos para recoger no solo su propia basura, sino también la que otras personas habían dejado.
Lejos de tratarse de una campaña publicitaria o una estrategia para llamar la atención, este comportamiento forma parte de una tradición profundamente arraigada en la cultura japonesa. Conceptos como el O-soji (gran limpieza), el Souji (limpieza comunitaria) y el Kansha (gratitud) enseñan desde la infancia que quien utiliza un espacio también tiene la responsabilidad de dejarlo limpio. Por ello, en muchas escuelas japonesas son los propios estudiantes quienes limpian sus salones y áreas comunes, desarrollando un fuerte sentido de responsabilidad colectiva.
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El resultado es una imagen que el mundo observa con admiración en cada Copa del Mundo: aficionados que consideran la limpieza como parte de la experiencia deportiva.
Esto no se trata de comparar países ni de señalar culpables, pero sí de hacer conciencia.
La diferencia está en la manera en que entendemos los espacios públicos. Cuando miles de personas celebran en una avenida, una plaza o un estadio, esos lugares siguen siendo patrimonio de todos.
Si cada asistente recogiera únicamente los residuos que genera, el impacto ambiental disminuiría de forma considerable y las ciudades podrían destinar menos recursos a operativos extraordinarios de limpieza.
El Mundial 2026 dejará grandes partidos, goles inolvidables y celebraciones históricas. Pero también puede convertirse en una oportunidad para transformar nuestros hábitos y de pensar en ciudades sostenibles.
El ejemplo de Japón demuestra que la cultura del cuidado se construye con pequeños actos repetidos miles de veces. Llevar una bolsa para nuestros residuos, utilizar los contenedores disponibles, evitar los plásticos de un solo uso y recoger la basura antes de retirarnos son acciones sencillas que pueden marcar una enorme diferencia.
Porque el verdadero triunfo no solo está en el marcador. También está en dejar la ciudad tan limpia como la encontramos.
¿Cuánta basura se generó durante los festejos del Mundial 2026 en Paseo de la Reforma?
Tras la celebración por la victoria de la Selección Mexicana, los servicios de limpieza retiraron aproximadamente 40 toneladas de basura de Paseo de la Reforma y zonas cercanas. Entre los residuos predominaban botellas de plástico, latas, vasos desechables y restos de comida.
¿Por qué los aficionados de Japón limpian los estadios después de los partidos?
La limpieza de los estadios por parte de la afición japonesa es una práctica basada en valores culturales como la responsabilidad colectiva y el respeto por los espacios compartidos. Desde la infancia, muchas personas en Japón participan en actividades de limpieza en escuelas y espacios públicos, por lo que consideran natural recoger sus residuos después de un evento deportivo.
¿Cómo podemos reducir la basura durante eventos masivos?
Cada persona puede contribuir llevando una botella reutilizable, evitando productos de un solo uso, utilizando los contenedores de basura y reciclaje disponibles, y recogiendo todos los residuos que genere antes de retirarse. Estas pequeñas acciones ayudan a disminuir el impacto ambiental y facilitan la limpieza de los espacios públicos.

